norberto llopis segarra

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Review by Quim Pujol in T E A T R O N,  in a link underneath 'palimpsest around "Tendency"', only in spanish, to be translated soon.

Tendency” de Norberto Llopis, “No idea” de Carmelo Salazar, “Luz de gas” de Montse Penela, 18/3/2009

 

                  

                         Dos hipérbolas con sus asíntotas 

 

             

 

Ayer asistí primero al Mercat de les flors para ver un programa doble con “No Idea” de Carmelo Salazar y “Tendency” de Norberto Llopis. Luego fui a San Rafael 14 para presenciar “Luz de gas” de Montse Penela.

Carmelo presentó un solo muy personal. No sé cuál será su grado de satisfacción con la pieza ni si la considera acabada, pero “No idea”, aunque parece inconclusa en algunos instantes, bien podría ser una obra terminada. Me explico. El título del solo se refiere probablemente a que no hay un motor conceptual en la obra. Y, en efecto, “No idea” no consiste en la explotación racional de unos conceptos como “Tendency” o “The rehearsal”. Al menos a primera vista.

¿Qué queda entonces? ¿Se trata de la danza plástica que utiliza el movimiento con fines estéticos? Hay sin duda ciertos pasajes muy bellos en “No idea”, como la aparición del bailarín pintado de negro frente a la pantalla resplandeciente. Parece casi un ser en dos dimensiones. Ocasionalmente hay mucha armonía y Carmelo no teme mostrar su virtuosismo a la hora de moverse: laxos molinillos con los brazos, piernas que se levantan en picado, algunos giros… Sin embargo también tenemos lo contrario: en ciertos momentos Carmelo se provoca pequeños desequilibrios de forma sutil, se toma ciertas pausas y los movimientos más melodiosos reciben un contrapunto áspero. Es en estos intervalos donde podría parecer que el solo no está acabado pero, para mí, la pieza de Salazar es un tránsito por muchos registros y modos de hacer sin casarse del todo con ninguno. Por eso, es probable que el solo esté terminado, ya que estos deliciosos y necesarios cortocircuitos son a todas luces intencionados. Paradójicamente, este análisis sugiere que sí se ha hecho un trabajo conceptual para llegar a este “No idea”.

Hay un texto de La Porta que no puedo encontrar (¿alguien me ayuda?) que decía “no” a muchos elementos. Cuando se dice “no” de forma tan reiterada, ¿qué queda? Queda por ejemplo este instersticio de “No idea”, a caballo entre muchas cosas pero fuera de todas ellas. A título personal disfruté con el baile y el uso tan particular que Carmelo hizo del movimiento. Saboreé ese vaivén de tonalidades que busca desorientar al espectador. Aprecié la guitarra que apenas se usa y que no se emplea para tocar música. Me gustó la belleza de los tapones por el suelo creando un paisaje arquitectónico complejo en sólo unos segundos. Y, por encima de todo, me sedujo el carácter decididamente idiosincrático de la pieza. Carmelo puede estar contento: ¡buen trabajo!

Para la segunda parte del programa y tras la experiencia no del todo satisfactoria de “Materia, potencia, fantasmas” (por culpa de las altísimas expectativas que tenía), asistí a “Tendency” con cierta cautela. En “Tendency” Norberto ejecuta una serie de movimientos bastante sencillos que tienen la peculiaridad de sugerir un orden. Es decir, ciertas secuencias repetitivas indican continuidad, una dirección en el desarrollo que sin embargo no se explora del todo. Y es esta exploración truncada lo que permite visualizar de forma prístina la idea de tendencia. Como dice un texto de un poeta heterodoxo: “No se llega a ninguna conclusión, /pero aún así se constatan repeticiones, /una cierta tendencia a la constancia. /Todo parece apuntar a un cierto orden/del que se infunde un cierto significado. /Aunque lo mismo podría ser /que careciese de sentido por completo.” A parte de la “tendencia”, también se materializaban otros fenómenos, como la fuerza centrífuga o la gravedad que empuja a las sillas hacia el suelo. En este contexto aséptico, las acciones de Norberto tenían para mí algo de manual de física.

Con un nivel de abstracción y neutralidad muy altos, este trabajo me hace pensar también en las asíntotas, esas curvas matemáticas que se acercan cada vez más a un valor determinado sin alcanzarlo jamás. La capacidad de traducir claramente en escena un concepto complejo es una virtud muy rara en un mundo lleno de piezas pseudosesudas y pseudoconceptuales. Por este motivo, Norberto tiene toda mi admiración.

En ciertos momentos de la obra, el público leyó algunos pasajes en clave cómica. Me parece algo totalmente accidental y, aunque me alegro de que se divirtieran a veces, no creo que sea ésta la esencia de “Tendency”. En definitiva, el solo de Norberto me confirmó que es un creador excepcional capaz de proponer juegos muy interesantes. No me pienso perder ni uno solo de sus trabajos futuros.

La noche de ayer resultó excepcionalmente rica, porque “Luz de gas” fue otra pieza bordada. Este breve solo que precisa de un ambiente íntimo consta tan sólo de tres escenas. La primera escena me hizo recordar las palabras de la Biblia: al principio fue el Verbo y el Verbo se hizo carne.

El cuerpo desnudo de la intérprete sirve de pantalla para proyectar frases de poética contenida. A través de sus minúsculos movimientos, las letras sufren distorsiones o, según en qué parte del cuerpo se proyectan, las frases adquieren connotaciones distintas.

La segunda escena trata de una proyección más pequeña del cuerpo de Montse sobre su propio cuerpo, lo cual crea un inquietante ser de cuatro pechos al que le bastan movimientos minúsculos para capitalizar nuestro interés.

Pero la culminación de la pieza es la tercera escena, cuando Montse hace viajar con un espejo la proyección de su cuerpo por las paredes de San Rafael 14. Se trata de un solo inolvidable donde, en cierto momento, el cuerpo de la artista sufre una dolorosa fractura. El acompañamiento musical era fantástico, nos quedamos todos con la curiosidad por saber de dónde provenía. Tras los aplausos nos quedamos treinta segundos en silencio, sin movernos, para no violentar la magia que había surgido durante la obra. Pocos espectáculos consiguen ese silencio unánime. Y es que el formato diminuto, bien empleado, tiene una fuerza arrebatadora. A título personal, estas piezas cortas en espacios muy reducidos cada vez me interesan más.

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